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Límites BDSM

Es bueno tener tres listas distintas antes de empezar a jugar: una de cosas que sabes que te gustan, otra de cosas con las que te gustaría experimentar y una tercera de cosas que están definitivamente más allá de los límites. Como principiante, puede que sepas que te gusta el sexo oral o emplear un vibrador, pero quizá no tengas la suficiente experiencia para saber si realmente te gustaría que te ataran o te pusieran pinzas en los pezones. Sin embargo, tal vez sean cosas con las que te gustaría experimentar. Quizá estés muy seguro de que no deseas que te avergüencen, ni te humillen, ni recibir un enema. Esta información basta para empezar a jugar.

Conforme vayas adquiriendo experiencia estos límites cambiarán. Algunas personas necesitan novedades. Pierden interés por actividades que les parecían muy excitantes cuando empezaron y se fascinan con la última moda de la comunidad del cuero. Otras conservan atracciones fetichistas y fantasías estables que constituyen una fuente de excitación garantizada. Un nuevo compañero que sienta gran interés por una actividad que tú no hayas considerado puede estimularte para reevaluar su rol en tu vida sexual. Y una mala experiencia puede hacerte reacio a volver a intentarlo siquiera.

Es un mito muy difundido creer que el SM es adictivo y que los participantes se embarcan en actividades progresivamente más peligrosas o dolorosas. De hecho, es más común que los principiantes estén ansiosos por probarlo todo, incluyendo el juego duro, y que se enfríen y bajen el listón a la hora de arriesgarse a medida que se familiarizan con sus propias necesidades y reacciones. Si has estado fantaseando durante varios años sobre practicar el SM y por fin te atreves a experimentarlo, tienes un montón de energía y voracidad contenidas que te empujan al extremo más intenso del continuum SM.

A medida que el extremo va saciando esa voracidad, te calmas un poco y empiezas a pensártelo antes de actuar. Los sumisos más experimentados a menudo desean cierta garantía emocional antes de dar su consentimiento al juego, o son menos propicios a jugar en público. A veces la gente lo experimenta como fracasos o cosas del pasado, pero forma parte de un proceso natural de maduración. Por ejemplo, si tienes la capacidad física y la necesidad mental de ser un masoquista de los duros, ese potencial siempre existirá. Simplemente te vuelves más listo con respecto a cómo ejercitar tu potencial. También te vuelves un poco más selectivo a la hora de buscar compañero. Ésta es la prerrogativa de un adepto experimentado, sea dominante o sumiso. Por poco listo que seas, no podrás evitar aprender a discernir entre los adeptos diestros e ingeniosos de los robots y los vampiros psíquicos.

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